Mar calma no hace buen marino

Existe un viejo proverbio inglés al que siempre recurro cuando mi vida personal y o profesional se precipita en tiempos de zozobra, turbulencias o incertidumbres “Mar calma no hace buen marino“.

No se trata de negar lo evidente, de esconder la cabeza o simplemente ignorar lo que está ocurriendo. Lo que cualquiera puede atisbar de la virulencia de la tormenta que tenemos delante es cuando menos perturbador para el más experimentado de los marineros.

La mala, pero también la buena noticia es que ya no hay opción de volver a puerto por lo que la única alternativa posible es mirar a los ojos al centro del huracán y enfocar todas nuestras habilidades intelectuales, emocionales, profesionales y sobre todo humanas en conseguir atravesarlo.

De poco sirve la queja, la nostalgia de tiempos mejores, la búsqueda de responsables, la ira o el rencor…Todas esas emociones no son más que carga inútil para nuestro pequeño barco zozobrante.

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«Es tiempo de centrarse en lo que tenemos y olvidar el lamento de lo que nos falta»

Como todos los mercados y categorías, nuestra querida industria óptica afronta unos retos sin precedentes dada la profundidad de la crisis económica que la pandemia ha provocado y el enorme impacto que la misma tendrá en los comportamientos y actitudes de nuestros pacientes.

Es momento por tanto de revisar a fondo con que herramientas, que nos puedan ser útiles para sortear la tormenta, contamos en nuestro pequeño barco.

Es tiempo de centrarse en lo que tenemos y olvidar el lamento de lo que nos falta o perdimos manteniendo la fe en que, en muchas ocasiones, las ágiles y decididas embarcaciones son más adecuadas para sortear las grandes tormentas que los enormes transatlánticos a los que podemos considerar otras industrias o mercados.

«nuestra industria óptica es resiliente, necesaria y beneficiosa para la sociedad en su conjunto»

Mar calma
Foto: Adobe Stock

No creo que existan, o al menos yo no conozco, fórmulas mágicas que nos catapulten de un vuelo limpio por encima del huracán hacia un horizonte de mar calmado.

Tampoco descubro nada nuevo al afirmar que nuestra industria óptica es resiliente, necesaria y beneficiosa para la sociedad en su conjunto a la que aporta mucho bien. Pero si que se trata de agarrar bien fuerte este activo innegable de la profesión óptica y capitalizarlo hasta sus últimas consecuencias.

Es también bastante evidente que algunos de los cambios de hábitos de los consumidores derivados de las medidas implantadas para el control de la pandemia pueden tener un impacto positivo en las necesidades visuales de nuestros consumidores (miopía, luz azul, soluciones anti empañamiento…).

Pero sobre todo, la crisis sanitaria nos brinda la oportunidad de planificar de manera más óptima nuestras interacciones digitales y personales con los pacientes. Nos regala el gran valor de poder invertir más tiempo y de mejor tiempo calidad con ellos de forma que el trabajo de diagnóstico y prescripción sea más profundo, certero y satisfactorio. Tenemos por tanto una ocasión única de profundizar en la relación de nuestro mayor y mejor activo como sector óptico, que son nuestros clientes.

«los cambios de hábitos de los consumidores pueden tener un impacto en sus necesidades visuales»

Cada negocio, en función de su posicionamiento, su ubicación, su tipo de clientela tendrá que buscar la fórmula óptima dentro de las herramientas a las que pueda acceder en su embarcación (Digitalización, Especialización, CRM, Personalización…) para surfear la gran ola.

Estoy absolutamente convencido que, si mantenemos la actitud correcta, enfocamos todas nuestras habilidades marineras en mirar de frente al huracán y capitalizamos las enormes fortalezas que tenemos en nuestra embarcación, seremos capaces de sortear la tormenta y salir de ella como unos mejores y más robustos marineros.

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