¿Cantera o cartera?

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He recibido en estos últimos meses varias llamadas de ópticos independientes, haciéndome llegar su preocupación.

La misma se centra en lo que podríamos denominar el “síndrome uefero”. *

Es decir aquellos fichajes de jóvenes ópticos recién salidos de escuelas, que después de uno o dos años, trabajando y por encima de todo aprendiendo, puliéndose, mejorando, asimilando en establecimientos de ópticas independientes, son seducidos por, más/menos 500 € mensuales sobre sus emolumentos actuales y aceptando finalmente, claro, la oferta del pez gordo.

¿Es lícito? Por supuesto que sí. ¿Es ético? Pues…

El independiente no puede enfrentarse a este tipo de prácticas. Ni a esta moderna versión del rapto de las sabinas.

Hagamos un ejercicio de empatía. Pongámonos en el papel de la joven o el joven óptico. La oferta del grande es tentadora. Deslumbra.

No solo son los 500 del ala. Es el esplendor, el tocar el cielo con las manos. Además, un responsable de recursos humanos de los grandes tiene palique. Embauca.

“Con nosotros prosperarás, podrás llegar a ser el responsable de un establecimiento. Abrimos 25.000 ópticas al minuto. (No le dirán nunca las que cierran) Así que imagínate las posibilidades que te ofrecemos”

El joven/la joven cierra su boca, después de tenerla un rato abierta y casi babeando, le dice “Soy su óptico”. Asunto acabado. Joven óptico pescado.

Seguro, que cuando le informa a su ya exjefe de la decisión de su marcha, le sabe mal. ¡Pero le esperan 25.000 ópticas para ser su posible director! Y 500 euros más al mes. ¿Quién dijo nostalgia, agradecimiento?

No están los tiempos para remilgos. Amigo óptico independiente. Te entiendo. Has invertido en capital humano. Le has hecho crecer y ahora, como las golondrinas, se te va.

Como casi todo en la vida es cuestión de cartera, aunque somos muchos los que todavía luchamos por la cantera. Larga vida a los últimos.

* Para los no iniciados, uefero, viene de Uefa. Organismo que persigue a los clubs que trafican con jóvenes deportistas.

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