Publicidad

El Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León cierra la campaña #COOCYLConLosPacientes con el caso de Martina Muñoz, que comenzó a utilizar lentes de ortoqueratología a los nueve años ante el rápido avance de su miopía.

Martina Muñoz Clavero tenía ocho años cuando comenzó a advertir que no veía correctamente la pizarra desde el fondo del aula. Cerca de una década después, está a punto de cumplir 18 años y afronta el inicio de sus estudios universitarios con la progresión de su miopía bajo control y sin necesidad de utilizar gafas ni lentes de contacto durante el día.

Su experiencia protagoniza la última entrega de #COOCYLConLosPacientes, la campaña impulsada por el Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León (COOCYL) para mostrar, mediante testimonios reales, la influencia de la atención visual personalizada en la autonomía y calidad de vida de los pacientes.

Martina comenzó a utilizar gafas en mayo de 2016, cuando presentaba alrededor de una dioptría. Sus antecedentes familiares (sus dos progenitores son miopes) llevaron a su óptica-optometrista, Ana Belén Cisneros, vicedecana de COOCYL, a vigilar estrechamente su evolución.

En aproximadamente dos años, su graduación aumentó unas dos dioptrías en cada ojo, con incrementos cercanos a media dioptría cada cinco o seis meses en determinados periodos. Ante esta rápida progresión, la profesional recomendó iniciar un tratamiento de control de la miopía mediante lentes de ortoqueratología u Orto-K.

control de la miopía con Orto-KLentes utilizadas durante el sueño

Estas lentes rígidas, diseñadas específicamente para cada usuario, modifican temporalmente la geometría corneal mientras se duerme. Tras retirarlas al despertar, permiten desenvolverse durante el día sin otra corrección visual. Además, la ortoqueratología constituye una de las opciones disponibles para ralentizar la progresión de la miopía.

La adaptación no resultó sencilla durante los primeros meses. Martina recuerda las dificultades que encontraba para colocarse las lentes cuando tenía nueve años. Sin embargo, el acompañamiento familiar y el seguimiento profesional permitieron convertir el proceso en una rutina.

Los cálculos realizados durante sus revisiones indican que la miopía habría aumentado únicamente entre 0,50 y 0,75 dioptrías durante casi una década, frente al ritmo aproximado de una dioptría anual que llegó a presentar antes de comenzar el tratamiento.

“Conseguimos actuar en el momento justo”, señala Cisneros. La óptica-optometrista recuerda que el control de la miopía infantil no responde únicamente a una cuestión de comodidad. Una mayor elongación ocular puede incrementar en el futuro el riesgo de sufrir determinadas patologías, como desprendimiento de retina, glaucoma o maculopatía miópica.

Detectar las señales en el aula

Coincidiendo con la vuelta a las aulas, COOCYL recomienda prestar atención a comportamientos como entornar los ojos, frotárselos con frecuencia, sufrir dolores de cabeza, adoptar posturas extrañas para ver o saltarse palabras y líneas durante la lectura.

“Los niños muchas veces no se quejan porque no saben lo que es ver bien ni son conscientes de sus problemas de visión”, advierte Cisneros. Por este motivo, las revisiones periódicas resultan esenciales para detectar posibles alteraciones antes de que afecten al aprendizaje o al desarrollo cotidiano.

Con el testimonio de Martina, COOCYL pone fin a una campaña iniciada en octubre de 2025 que ha mostrado el papel de la prevención, el seguimiento y la atención personalizada de los ópticos-optometristas en diferentes etapas de la vida.

Te puede interesar

Publicidad