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Málaga ha sido el destino elegido para la celebración de las 6as Jornadas de Baja Visión, un encuentro que reúne a profesionales y pacientes para hablar sobre la importancia de la rehabilitación visual y para evaluar el desarrollo de nuevos dispositivos tecnológicos que ayuden a mejorar la calidad de vida de estos pacientes. Todo ello ayudado e incidiendo en el análisis de enfermedades relacionadas con la baja visión por medio de casos de pacientes específicos.

En España hay más de un millón y medio de personas que padecen baja visión; es decir, sin llegar a ser ciegos, poseen un resto visual mínimo (una agudeza visual inferior a 10% en su mejor ojo y 30º de campo visual). Concretamente, en Andalucía, este dato se eleva a  160.000 personas, según datos del Colegio de Ópticos-Optometristas de Andalucía. De ellos, solo un 5% accede a rehabilitación para aprovechar o sacar el mayor partido de su resto visual.

muchos profesionales han demandado la falta de unidades de baja visión en los hospitales, así como la falta de especialización y conocimiento en la materia

Problema neuro-oftalmológico

Además se estima que hasta un 80% de los pacientes tiene algún tipo de problema neuro-oftalmológico, ya sean problemas relacionados con la visión o afectación de las funciones visuoespaciales. Por ello, durante las jornadas, muchos expertos coincidieron en que se necesitan más especialistas en baja visión en los equipos médicos de los hospitales de la seguridad social.

Por su parte, Laura Muñoz, neuróloga en la Unidad de Trastornos del Movimiento del HUVR afirma que los pacientes de baja visión suponen un reto para los ópticos-optometristas al que hay que dar respuesta: ”Actualmente en nuestro país no puede ocurrir que una neuróloga derive a pacientes con párkinson y no se encuentre solución a sus problemas de diplopía, se necesita más colaboración y trabajo en red, quién afirma que este tipo de encuentro permiten profundizar en conocimiento en beneficio de todos”, añade.

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Falta de unidades de baja visión en los hospitales

Es algo que muchos profesionales han demandado, la falta de unidades de baja visión en los hospitales, así como la falta de especialización y conocimiento en la materia. “Nuestros hospitales y los centros sanitarios de óptica y optometría necesitan equipos de baja visión completos en los que se interrelacionen profesionales de la óptica, oftalmólogos, investigadores, rehabilitadores, neurólogos y psicólogos», indicó Tomás Torres, oftalmólogo en el Hospital de Valencia.

El tema del trabajo en red, fue uno de los temas principales que se tocó de forma continuada durante el desarrollo de las jornadas, ya que el papel del óptico-optometrista es fundamental a la hora de afrontar el tema de la baja visión y la rehabilitación visual. “Existe un alto porcentaje de pacientes que están muy perdidos y que no saben a dónde acudir, sobre todo en las ciudades o pueblos pequeños”, indicó Elisa Madorrán, vocal de la Sociedad Española de Baja Visión.

Sinergias con otras especialidades

Eficacia en los procesos y terapias, plasticidad cerebral, rehabilitación visual, el papel del optometrista en daño cerebral adquirido, miopía magna y glaucoma, pérdida de campo visual, entre otras ponencias muy específicas que ayudaron a exponer casos y técnicas de éxito para los profesionales asistentes. “Tenemos que conseguir establecer sinergias con otros compañeros de otras especialidades que nos pueda facilitar nuestro trabajo y estar presentes allí donde nos necesitan”, añadió Madorrán.

Entre algunos de los casos concretos que se expusieron destaca Ahmad Zaben, optometrista, explicó la eficacia de la microperimetría en casos de enfermedades maculares en etapa terminal. La microperimetría es una técnica diagnóstica que mide la sensibilidad de la mácula y permite apreciar cualquier cambio o lesión incipiente en esta área central de la retina, cuyo diámetro es de apenas 5 mm. “María, Teresa o Jaume son casos de pacientes que han mejorado en sus funciones visuales, agudeza visual, velocidad de lectura o estabilidad de fijación a través de este tipo terapia de microperimetría y el entrenamiento con biofeedback (utilización de un sistema de sensores que permiten al paciente monitorizar en tiempo real diferentes parámetros fisiológicos)”, indica Zaben.

Pacientes y profesionales de baja visión demandan mayor número de especialistas y más investigación

También destaca el caso de Constanza Lucero, cofundadora de Biel Glasses, una madre que fundó su empresa cuando descubrió que su hijo Biel había nacido con una enfermedad que le condicionaba baja visión. Su hijo tenía problemas para bajar escaleras, cruzar la calle e incluso para reconocer a sus padres: “Cuando vimos que los ojos de Biel no se adaptarían al mundo, tratamos de adaptar el mundo a sus ojos creando un equipo de investigación con optometristas, oftalmólogos, médicos, expertos en tecnología de la salud, y decidimos juntar la tecnología de la robótica, la inteligencia artificial y la realidad mixta para crear estas gafas inteligentes”, explica. Estas gafas ayudan a la movilidad de las personas con baja visión y les otorgan mayor autonomía individual alertándoles de posibles obstáculos.

Última tecnología en materia de baja visión

El encuentro también ha servido para conocer de primera mano la última tecnología en materia de baja visión. Degeneración macular, glaucoma, retinosis pigmentaria o enfermedades oculares vinculadas a la diabetes son algunas de las enfermedades que provocan a la larga una pérdida de visión que dificulta las tareas de la vida diaria. Para sobrellevarlas, existen numerosas innovaciones tecnológicas fascinantes que ayudan a las personas afectadas a percibir su entorno con mayor claridad y así vivir de forma más independiente.

«Por una parte, existen dispositivos diseñados para aprovechar la poca visión que aún tenga la persona, para que esta pueda ver mejor, y por otra existen dispositivos que se valen de los demás sentidos porque el de la vista está prácticamente desaparecido», explica Mari Paz Álvaro, especialista en baja visión.

Personas afectadas en aumento

Se considera que la cifra de personas afectadas por baja visión/ceguera podría aumentar, debido al incremento de problemas visuales relacionados con la edad y la esperanza de vida. Algunos, como el DMAE, miopía magna o retinopatías diabéticas generan una pérdida de agudeza visual y una reducción del campo visual. Según datos de los estudios recientes de la asociación de utilidad pública, Visión y Vida, la miopía afecta ya a 6 de cada 10 jóvenes universitarios y está aumentando en número de personas afectadas y cantidad de dioptrías entre la población más joven. De hecho, el 10% de los casos de ceguera se debe a miopías que superan las 15 dioptrías.

Dichas jornadas han sido organizadas por la sociedad española de especialistas en baja visión, SEEBV, y ha contado con el patrocinio de las empresas: Apellis, Dive Medical, ML Optics, Novartis, Magerit Vision, Visión Frágil y Visionary. “Estamos muy agradecidos por la colaboración y apoyo de estas marcas así como con la participación y el resultado de las jornadas, cada año nos superamos con el nivel científico de los ponentes y en esta ocasión con la participación de los pacientes», añade Amparo Alcocer, presidenta de la SEEBV.

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