La etapa comprendida entre el nacimiento y los 8-10 años resulta decisiva para el desarrollo del sistema visual. Detectar y tratar durante estos primeros años alteraciones como la ambliopía, la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo o el estrabismo puede evitar que el cerebro consolide una visión deficiente que posteriormente resulte difícil o incluso imposible de recuperar por completo.
El comienzo del curso escolar vuelve a poner el foco sobre la relación existente entre visión y aprendizaje. A partir de aproximadamente los cuatro años, los niños desarrollan buena parte de las habilidades que servirán de base para la lectoescritura, por lo que cualquier problema visual no diagnosticado puede afectar a la lectura, la escritura, la atención y el seguimiento de las actividades en el aula.
La doctora María Concepción Guirao, especialista de Vissum Grupo Miranza, subraya la conveniencia de realizar revisiones oftalmológicas periódicas antes del inicio del curso durante esta etapa de desarrollo. Según explica, cuando los niños comienzan a trabajar la lectoescritura necesitan encontrarse cómodos visualmente para poder desarrollar todas sus capacidades.
Si el cerebro no recibe una imagen clara durante su desarrollo, no puede aprender a interpretar correctamente la información visual
Una de las alteraciones que mejor refleja esta relación entre ojo y cerebro es la ambliopía u ojo vago. En estos casos, el problema no afecta exclusivamente al funcionamiento ocular, sino también al proceso mediante el cual el cerebro aprende a interpretar las imágenes que recibe y desarrolla las conexiones neuronales necesarias para alcanzar una visión normal.
Durante los primeros años de vida existe una elevada plasticidad cerebral. Especialmente entre los 0 y los 8 años, el cerebro mantiene una gran capacidad de aprendizaje visual, lo que permite intervenir sobre determinadas alteraciones con mayores posibilidades de éxito.
Cuando existe, por ejemplo, un defecto refractivo, proporcionar la graduación adecuada permite que llegue al cerebro una imagen nítida. Si esa corrección no se produce durante la fase de desarrollo, la capacidad visual puede quedar limitada incluso cuando el defecto ocular pueda corregirse posteriormente.
La especialista advierte de que un diagnóstico tardío puede tener consecuencias permanentes. Un adulto puede corregir mediante gafas, lentes de contacto o cirugía un determinado error refractivo, pero eso no garantiza que recupere completamente la calidad visual si durante la infancia el cerebro no desarrolló adecuadamente las conexiones responsables del aprendizaje visual.
Miopía, hipermetropía, astigmatismo y estrabismo
La ambliopía, la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y el estrabismo se encuentran entre las alteraciones visuales más frecuentes durante la infancia. Buena parte de ellas pueden abordarse eficazmente cuando son detectadas mientras el sistema visual continúa desarrollándose.
De ahí la recomendación de mantener controles periódicos durante los primeros años y no esperar necesariamente a que aparezcan dificultades evidentes. Los niños pueden no ser conscientes de que ven peor de lo esperado porque carecen de una referencia con la que comparar su visión.
Más tiempo al aire libre y un uso responsable de las pantallas
La prevención también depende de los hábitos cotidianos. Entre las recomendaciones dirigidas a reducir el riesgo y ralentizar la progresión de la miopía figura pasar, siempre que sea posible, al menos dos horas diarias realizando actividades al aire libre.
También se aconseja limitar la exposición a dispositivos electrónicos y fomentar un uso responsable de teléfonos móviles, tabletas y ordenadores.
Cuando las pantallas sean necesarias, resulta conveniente trabajar con una iluminación ambiental adecuada, mantener una distancia superior a los 20 centímetros y realizar descansos periódicos para reducir la fatiga ocular.
La combinación de revisiones periódicas, detección precoz y hábitos visuales adecuados adquiere así especial importancia durante una etapa en la que la visión todavía está aprendiendo a desarrollarse y en la que actuar a tiempo puede determinar la capacidad visual durante el resto de la vida.

















