El 94% de los proveedores sanitarios europeos ya utiliza soluciones de inteligencia artificial o tiene previsto incorporarlas, mientras organismos como la OMS y la OCDE advierten de la necesidad de reforzar competencias en interpretación de datos, pensamiento crítico, ciberseguridad y supervisión de estas herramientas.
La inteligencia artificial está modificando progresivamente las competencias que necesitarán los profesionales sanitarios para desarrollar su actividad. La expansión de estas tecnologías ya no afecta únicamente a determinados ámbitos de diagnóstico o investigación, sino que comienza a integrarse en numerosos procesos asistenciales y de gestión sanitaria.
Según datos recogidos por la Comisión Europea, el 94% de los proveedores sanitarios europeos utiliza actualmente soluciones de IA o tiene previsto adoptarlas, mientras que la utilización de herramientas diagnósticas basadas en inteligencia artificial podría acercarse al 80% en 2029.
Este escenario obligará a los profesionales a adquirir nuevas capacidades relacionadas no solo con el manejo de estas herramientas, sino especialmente con la interpretación de sus resultados y la validación de la información que generan.
La interpretación de datos, el pensamiento crítico y la capacidad de validar las respuestas de la IA se convertirán en competencias esenciales para los profesionales sanitarios.
El pensamiento crítico gana peso ante el avance de la IA
Francisco Javier Domingo, director del Máster de Formación Permanente en Inteligencia Artificial Aplicada a la Salud de UNIE Universidad, considera que el principal cambio estará en la capacidad del profesional para integrar estas soluciones dentro de sus decisiones. “No se trata de quién sabe de IA, sino de quién es capaz de incorporarla a su práctica con el objetivo de que las decisiones sean rigurosas”, señala.
La disponibilidad de grandes volúmenes de información permitirá sintetizar documentación científica, analizar datos o generar hipótesis con una rapidez hasta ahora difícilmente alcanzable. Como consecuencia, parte del valor profesional podría desplazarse desde la búsqueda de información hacia su interpretación, contextualización y aplicación a cada paciente.
Una de las competencias que cobrará mayor importancia será lo que Domingo denomina “calibración de la confianza”: determinar cuándo una respuesta generada por una herramienta de IA puede utilizarse como apoyo, cuándo necesita ser contrastada y cuándo debe descartarse. “El pensamiento crítico dejará de ser únicamente una competencia deseable para convertirse también en un mecanismo de seguridad”, advierte.
Gobernanza de datos, ética y responsabilidad profesional
La Organización Mundial de la Salud ha señalado igualmente la preparación de los profesionales, la gobernanza de los datos y la existencia de marcos legales y éticos entre los elementos esenciales para una integración segura de la inteligencia artificial en los sistemas sanitarios europeos.
La introducción de estas tecnologías tampoco elimina la responsabilidad del profesional. Al contrario, plantea la necesidad de establecer con mayor claridad qué decisiones pueden apoyarse en sistemas automatizados, cuáles deben verificarse y quién mantiene la responsabilidad última sobre ellas. “Incorporar IA no es simplemente añadir una herramienta: obliga a rediseñar procesos, responsabilidades y mecanismos de control”, explica Domingo.
Más allá de aprender a utilizar un ‘prompt’
La formación también tendrá que adaptarse. Aprender a utilizar determinadas plataformas o dominar técnicas de prompting puede tener utilidad inmediata, pero difícilmente constituirá una competencia suficiente a largo plazo debido a la velocidad con la que evolucionan estas tecnologías.
Un análisis de la OCDE, elaborado a partir de cerca de 55,5 millones de ofertas de empleo publicadas entre 2018 y 2023 en Canadá, Reino Unido y Estados Unidos, identifica precisamente una creciente demanda de capacidades vinculadas a la gestión de información sanitaria, telemedicina y ciberseguridad.
Las competencias más duraderas estarán relacionadas con comprender cómo se generan los resultados, conocer el papel que desempeñan los datos, detectar posibles sesgos, validar respuestas y evaluar la evidencia científica utilizada por estos sistemas. “Debemos evitar que la comodidad de disponer siempre de una respuesta termine erosionando el conocimiento necesario para juzgar si esa respuesta es correcta”, apunta Domingo.
La incorporación de la inteligencia artificial a la sanidad abre así una etapa en la que la tecnología podrá ampliar las capacidades del profesional, pero también exigirá mayor formación, criterio y capacidad de supervisión.





















