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El COOCYL prosigue con su campaña de visibilización de la figura del óptico-optometrista

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El Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León (COOCYL) presenta una nueva historia real dentro de su campaña #COOCYLConLosPacientes, centrada en visibilizar el impacto de la atención sanitaria de los ópticos-optometristas en la vida de las personas.

En esta ocasión, el protagonismo recae en Mateo Delgado Amigo, un joven atleta de Burgos que utiliza lentes Orto-K, un tratamiento nocturno capaz de ofrecer visión nítida durante el día y frenar la progresión de la miopía.

Como explica Alejo Ruiz, delegado de COOCYL en Burgos, la Orto-K la utilizan dos grandes grupos de pacientes: por un lado, menores y jóvenes que necesitan frenar la progresión de su miopía, y por otro, adultos que requieren una visión perfecta durante el día por motivos laborales (oposiciones de policía, bomberos, ADIF, centrales nucleares, etc.), y que no pueden llevar gafas ni lentillas en su jornada. Su efecto es totalmente reversible: al dejar de usar las lentes, la córnea recupera su forma original en unos días.

Un caso de éxito: siete años frenando la miopía y compitiendo sin gafas

Mateo comenzó con el tratamiento a los 7 años, tras ser diagnosticado de miopía. Su madre, Ascensión Amigo, recuerda el impacto inicial: “Cuando me enteré de que era miope con solo seis años, me llevé el disgusto del siglo. Yo soy muy, muy miope y sabía lo que podía venir. Busqué todas las opciones y descubrí la Orto-K. Fue entonces cuando acudimos al Instituto Universitario de Oftalmobiología Aplicada (IOBA) y nos hablaron de esta óptica de Burgos, donde nos dijeron que el tratamiento sería exactamente igual”.

Desde entonces, el seguimiento ha sido continuo. Alejo Ruiz, delegado de COOCYL en Burgos y óptico-optometrista responsable del caso, destaca la evolución: “Mateo debutó con una dioptría. Siete años después apenas ha aumentado una dioptría más en un ojo y 0,75 en el otro. Cuando en esas edades lo normal sería un aumento de 0,75 dioptrías por año. Su evolución es espectacular”.

Ruiz añade que no solo los datos refractivos avalan el éxito: “Gracias al biómetro, podemos medir la longitud axial del ojo. En estos siete años su biometría solo ha variado alrededor de 0,25–0,26 mm por ojo, cifras bajísimas para un niño con antecedentes familiares de miopía alta”.

Para Mateo, deportista de alto nivel —once veces campeón de Castilla y León en distintas categorías y camino hacia el Campeonato de España—, las ventajas son claras: “Sería muy incómodo tener que correr con gafas. Con este tratamiento duermo con las lentillas y durante el día veo perfecto. El mantenimiento es fácil y en una semana ya lo hacía todo yo solo”.

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