¿Por qué no pedimos una demostración práctica a los pacientes de lentes de contacto?

Hace unos días, mientras tomábamos una cervecita, una amiga, que sabe que me dedico a la docencia e investigación en temas de lentes de contacto y superficie ocular, me preguntó si podía pedirme consejo sobre sus lentes.

Le respondí que claro que sí, para eso estamos. Mi amiga, a quien llamaremos B, tiene una graduación miópica elevada, con algo de astigmatismo y, desde hace poco, necesita adición para leer cómodamente. En el pasado, ha tenido algunos episodios de infecciones oculares, por suerte resueltos sin más complicaciones. B trabaja en Barcelona, pero muchos fines de semana se desplaza a un pueblo del Prepirineo, por lo que me confesó que tenía dos soluciones de mantenimiento abiertas simultáneamente, la de Barcelona, y la del fin de semana, que no recordaba cuándo había empezado ya que la usaba poquito.

Su consulta, lejos de centrarse en alguna duda para mejorar el uso y cuidado de sus lentes, era para solicitar asistencia en el momento de elegir la graduación adecuada (en lo que se refería a la adición) de las lentes de contacto que tenía intención de adquirir por internet. B me indicó que había comparado el precio de su antiguo par de lentes (recambio mensual), compradas en su óptica de confianza, con las ofrecidas en la web, y que la diferencia era notable.

Le expliqué, intentando no perder la compostura, que lógicamente en la web no había ningún optometrista que tuviera cuidado de su salud visual y de la correcta adaptación y seguimiento de las lentes, y por eso podían recortar gastos. Y que, con su historial de complicaciones y su alta miopía, era muy poco recomendable no acudir a un especialista de la visión con frecuencia, y menos aún prescindir de las visitas de seguimiento. Sospecho que no la convencí.

En los últimos años he tenido la suerte de poder dirigir una tesis doctoral y varios trabajos final de grado y de máster centrados en el cumplimiento de los usuarios de lentes de contacto. Parte de los trabajos se ha basado en encuestas anónimas a usuarios y a optometristas, otra parte en una demostración práctica en consulta. Los resultados, si bien no sorprendentes, sí que conducen a una reflexión sobre si, como profesionales de la visión, podemos hacer las cosas mejor. Incluso siendo conscientes de las condiciones en las que trabajan algunos centros, con un tiempo limitado por paciente que no genera espacio para muchos malabarismos.

Uno de los hallazgos más interesantes del conjunto de estos trabajos es que las respuestas a las encuestas suelen ser mucho mejores de lo que se observa en las demostraciones prácticas. En las encuestas, muchos usuarios responden que se lavan las manos siempre, que nunca dejan que el estuche portalentes entre en contacto con agua del grifo, que sería una locura no descartar el líquido que queda en el estuche, cada mañana, tras ponerse las lentes.

demostración práctica lentes de contacto
Figura 1. Tesis de la Dra. Silvia Alonso sobre cumplimiento en el uso de lentes de contacto

Para la demostración práctica se solicitó a los usuarios que vinieran con las lentes en los ojos y que trajeran el estuche portalentes. Se simuló lo que hacían cada noche al quitarse las lentes, y por la mañana al volvérselas a poner. Nada más empezar, muchos usuarios se lavaron las manos únicamente con agua antes de manipular sus lentes y casi todos dejaron el estuche al lado mismo del lavabo, sin tomar precauciones para que el agua del grifo no salpicara y entrara en contacto con el mismo.

Además, se observó que, al retirar las lentes de los ojos, muy pocos las frotaban con solución antes de ponerlas en los estuches y que, en un porcentaje elevado, los estuches no estaban secos y limpios, sino que contenían solución restante de la noche anterior, a la que los usuarios procedían a añadir solución nueva.

Tras finalizar la demostración práctica, se regaló estuches nuevos a todos los participantes a cambio de quedarnos con los estuches que estaban utilizando. Con estos se procedió a realizar un análisis microbiológico sencillo, para ver su grado de contaminación. Los resultados evidenciaron que, en todos y cada uno de ellos, había crecimiento de colonias bacterianas, también en aquellos que parecían tener buen estado y estar perfectamente limpios.

Estos hallazgos son relevantes, dado que debe suponerse que, si bien muchos usuarios no limpian ni reemplazan los estuches con la frecuencia óptima, por lo menos sí lo hacen cuando se percatan que el estuche está sucio. Sin embargo, como vemos, incluso los estuches que parecen limpios se encuentran contaminados, por lo que los usuarios deben entender muy bien la necesidad de instaurar la rutina de limpiar el estuche cada día y reemplazarlo con cada nueva solución de mantenimiento. Y de descartar siempre el líquido sobrante.

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Figura 2. Los estuches portalentes NO deben entrar en contacto con el agua (fotografía: Silvia Alonso)

“La experiencia no garantiza un buen uso de las lentes de contacto. Al contrario: muchas rutinas aprendidas son erróneas y ponen en riesgo la salud visual”

Curiosamente, y aquí viene la oportunidad de hacerlo mejor, casi todos los participantes en los diferentes estudios indicaron que nunca les habían explicado la necesidad de limpiar cada día el estuche portalentes, y que mucho menos se les había solicitado una demostración práctica, o se habían repetido y reforzado las instrucciones de uso y mantenimiento en las visitas de seguimiento. ¿Decían la verdad en sus comentarios estos usuarios? Dejaremos esta reflexión para los lectores de este artículo de opinión.

Para finalizar, otro dato interesante que se reveló de estos estudios fue que muchos profesionales de la visión proporcionaban material escrito a sus pacientes, con instrucciones de uso y mantenimiento de las lentes (pero no de sus accesorios). Principalmente para los usuarios que nunca han utilizado lentes de contacto, la visita de adaptación puede ser fuente de ansiedad. Algunos autores indican que muy pocos pacientes retienen la información que se les proporciona durante esta visita, tras salir de la consulta. Posiblemente muchos acudan a internet para refrescar instrucciones, encontrando recomendaciones de calidad muy dispar en función de las páginas que recaben su atención. Por lo tanto, proporcionar información escrita veraz, fácil de entender (con imágenes) y completa es crítico. Sin embargo, también nuestro estudio reveló que más del 60% de los pacientes nunca leen esta información escrita al llegar a casa.

Todos estos datos refuerzan la necesidad de realizar recordatorios periódicos a nuestros pacientes, y de aprovechar cada visita de seguimiento para hacer demostraciones prácticas, incluso cuando se trata de usuarios con larga experiencia. Paradójicamente, la experiencia no se asocia a un mejor uso y cuidado de las lentes y de sus accesorios, sino al contrario.

Los hallazgos que se comentan en este artículo, y otros aspectos del cuidado y mantenimiento de las lentes de contacto y de la comunicación del profesional de la visión con sus pacientes, se encuentran detallados en la tesis doctoral de Silvia Alonso.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Optimoda correspondiente al primer semestre de 2025

 

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