La guerra de las palabras. Otra forma de hacer negocios es posible

Atrás quedan aquellos tiempos en los que los buscadores de Internet nos ofrecían resultados objetivos e independientes ante nuestras consultas. Nosotros tecleábamos una necesidad y el buscador arrojaba una suerte de enlaces de interés, más o menos ordenados en función de la importancia.

Poco a poco fueron apareciendo en los primeros lugares ‘páginas patrocinadas’ y anuncios, distorsionando los resultados y obligándonos a discernir si la información era de interés o ‘interesada’.

En paralelo, durante estos 25-30 años de convivencia con los buscadores, no tanto tiempo por otro lado, fuimos conociendo la importancia de aquello denominado ‘el algoritmo’.

Dicho mecanismo es un complejo compendio de reglas y parámetros de cálculo que ‘se supone’ ofrecen el mejor de los resultados en función de la búsqueda realizada. La realidad es que nos hemos encontrado, al fin y a la postre, con un ‘caprichoso método’ que complica la vida de las empresas y las obliga a estudiar, comprender y trabajar para tratar de ‘satisfacer’ al algoritmo, en vez de a sus clientes.

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Trabajar en una comunicación sobre valores positivos, nunca contra nadie ni a costa de nadie, es posible y sostenible

Además, grandes buscadores han puesto en marcha sistemas de cotización de palabras, con excelentes resultados económicos para ellos, de modo que las webs pagan por aquellos vocablos que coinciden con sus intereses o conectan con su negocio; como si ese trabajo no lo debiera haber hecho ya dicho buscador. El resultado es que, hoy en día, ya nadie puede esperar que se nos responda objetivamente a nuestras búsquedas.

La guerra de las palabras

El colmo llega cuando una empresa, cayendo en esta tentación de pagar por las palabras para aparecer en los resultados de las búsquedas, termina pujando por el nombre de su competidor o por el suyo propio.

Por supuesto que el buscador le va a permitir hacerlo, pues no puede negar su espíritu mercenario. Lo deseable es que nosotros tengamos más dignidad, pues pagar al buscador por el nombre de tu competidor es tanto como despreciar el tuyo; y tampoco deberíamos pagar por nuestro nombre o marca, que hemos construido durante tanto tiempo, pues sencillamente deberíamos aparecer cuando alguien lo teclea, que para eso es el nuestro.

El colmo llega cuando una empresa termina pujando por el nombre de su competidor o por el suyo propio

Deberíamos darnos cuenta de que aceptar estas ‘reglas de mercado’, marcadas por estos buscadores pensando solo en sí mismos, es caer en una ‘guerra sucia’ sin fin, donde siempre habrá alguien dispuesto a pagar un poco más. Un escenario en el que el único ganador es dicho buscador, y todos los demás perdedores, incluidos nosotros y nuestros clientes. No deberíamos conformarnos con justificaciones del tipo, ‘todos los hacen’ o ‘soy pequeño para ir en contra’, pues la ética empresarial debe estar por encima y guiar nuestra forma de actuar, ofreciéndonos una mirada más estratégica y de largo plazo. Otro ‘gallo nos cantaría’ si todos actuáramos adecuadamente en este ámbito.

Se puede hacer negocios de otra forma. Trabajar en una comunicación sobre valores positivos, nunca contra nadie ni a costa de nadie, es posible y sostenible. Por eso no podemos pagar al buscador por nuestro nombre y, por supuesto, tampoco por el de ninguno de nuestros competidores. Tasas más altas de dignidad son posibles, las practicamos y las esperamos. Seguir cuidando nuestros productos, con decisiones evolutivas serenas y estudiadas, prestar el mejor servicio de soporte, ofrecer un trato cercano y cuidar a nuestro equipo, son nuestros valores y lo que marca nuestro día a día.

Cada día nos nace un gran agradecimiento hacia la confianza que nos regalan nuestros clientes y, por eso, seguiremos SIEMPRE AYUDANDO A LA ÓPTICA con PROFESIONALIDAD, INNOVACIÓN Y ENTREGA.

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