En un artículo anterior comentamos algunos aspectos relacionados con el cumplimiento de los usuarios de lentes de contacto, y la oportunidad que, como optometristas, no debemos desaprovechar de reforzar las instrucciones de uso y cuidado de las mismas y de sus accesorios en cada visita de seguimiento.
Hay estudios que indican que, sobre todo en nuevos usuarios, la sesión inicial de adaptación de las lentes puede ocasionarles miedo y ansiedad, lo que repercute muy negativamente en su capacidad de retención de la información que les podamos transmitir oralmente. De ahí la relevancia de proporcionar información por escrito, aunque también vimos que luego más del 60% de los usuarios nunca la llega a leer en casa.
Paradójicamente, muchos usuarios suelen acudir a fuentes online para resolver sus dudas, ya sea a través de bots conversacionales tipo ChatGPT o de buscadores de toda la vida, (si bien incluso los de toda la vida ya incorporan algún aspecto más o menos avanzado de inteligencia artificial, como Gemini de Google).
No hace falta decir que la fiabilidad y legibilidad (facilidad de lectura y comprensión) de estas fuentes puede no ser óptima, pueden existir intereses comerciales, o proceder directamente de fake news sin ninguna evidencia científica.
“Existen herramientas para determinar la fiabilidad y legibilidad de la información sobre salud dirigida a pacientes”
Imaginemos un usuario inseguro preguntando a Google si es posible que una lente se pierda dentro del ojo y que, como resultado de su búsqueda, le aparezca la noticia de una mujer a quien se le descubrieron 27 lentes de contacto blandas perdidas debajo del párpado superior. Aunque en esta ocasión la realidad supera las fake news, y se trate de un caso cierto, publicado en la revista British Medical Journal en 2017.
Existen herramientas para determinar la fiabilidad y legibilidad de la información sobre salud dirigida a pacientes, ya sea online o en soporte físico. Una de ellas, centrada en la fiabilidad, es la escala EQIP (de Ensuring Quality Information for Patients).
En su versión expandida, esta escala contiene 36 ítems agrupados en dominios explorando el contenido, la estructura y los datos identificativos de la fuente. Indaga aspectos como la presencia en el documento de imágenes o figuras, la estructura ordenada y lógica de la información, la inclusión de la fecha de publicación o actualización, su procedencia (autoría, financiación, etc.), la incorporación de enlaces hacia recursos de información complementaria y, por supuesto, la correcta y completa explicación de la condición médica correspondiente, su posible tratamiento, riesgos y beneficios, pronóstico, etc.
Cada ítem se valora con una calificación positiva, negativa o parcial, y luego se calcula el global (de 0%, peor, a 100%, mejor fiabilidad), con la opción de dejar ítems sin valorar si no son aplicables. Por ejemplo, en un documento sobre lentes de contacto no serán aplicables los mismos ítems que en uno que describa una intervención de cataratas. Dado el carácter subjetivo de la valoración con esta herramienta, se recomienda la participación de dos o más expertos, obteniendo un resultado promedio final.
Para la legibilidad contamos con varios índices objetivos que se basan en parámetros como la longitud de las frases (número de palabras por frase), el número de sílabas por palabra, y otros parten de la hipótesis de que frases más extensas y con palabras esdrújulas serán más complicadas de leer y entender.

Tal vez el más conocido es el índice de Flesch-Kincaid (Figura 1). Este índice proporciona un resultado de 0 a 100, con valores bajos denotando una legibilidad peor. Para documentos dirigidos a pacientes, por ejemplo, se recomiendan valores de 80 o más, que corresponden a un nivel académico de primero de ESO, asegurando que todas las personas mayores de 12 o 13 años lo puedan entender.
Sin embargo, esta herramienta, desarrollada inicialmente para textos en inglés, no puede usarse sin ciertas precauciones en un texto en castellano. Existen alternativas de funcionamiento similar para valorar documentos en idiomas distintos del inglés.
Dotados de estas dos herramientas, en un Trabajo Final de Máster desarrollado en la Facultat d’Òptica i Optometria de Terrassa a finales de 2024 se decidió determinar la fiabilidad y legibilidad de la información online dirigida a usuarios de lentes de contacto.

Para ello en primer lugar se seleccionaron 10 preguntas típicas, como las que se podría hacer un usuario al llegar a casa tras su primera adaptación, cuando le asaltan las dudas y no se acuerda de nada de lo que le hemos explicado en la consulta (Figura 2). Cada pregunta se presentó a un buscador (Google) y se recogieron los 20 primeros resultados (aplicando ciertos criterios de inclusión y exclusión).
En total, pues, contamos con 200 páginas web, que fueron valoradas por dos investigadores independientes con la herramienta EQIP y con el índice Flesch-Kincaid (copiando-pegando el texto de la web a la calculadora online). El trabajo se realizó en inglés (con la sana intención de intentar publicar un artículo científico), por lo que las páginas web seleccionadas fueron en ese idioma, con hallazgos no necesariamente extrapolables a los que se habrían obtenido centrando la búsqueda en páginas en español.
En esta muestra de webs, la mediana de la valoración EQIP fue del 68,0% (rango 29,0%–90,0%), solo con un 30,0% de los sitios web ofreciendo contenido de alta calidad (≥75%), siendo esta menor en aquellos de carácter comercial y mejor en los curados por centros de tipo sanitario (p<0,05). La legibilidad fue generalmente deficiente, con un valor promedio en el índice Flesch-Kincaid de 55,8 ± 11,3, muy por encima de los niveles de lectura recomendados. Además, se encontró jerga técnica no explicada en el 59,5% de los sitios web. Por lo tanto, algunos usuarios de lentes de contacto pueden tener dificultades con la información proporcionada, generando confusión y favoreciendo el mal uso y sus derivados, complicaciones y abandono.
Dado el papel fundamental de los recursos en línea en la educación de los pacientes, es nuestro deber orientar a los mismos hacia sitios web fiables y fáciles de entender. Además, podemos reflexionar sobre si la información escrita que les aportamos es de calidad y veraz, verificando su legibilidad con una de estas herramientas. En caso de apuro, siempre podemos solicitar a ChatGPT que nos adapte el texto al nivel de legibilidad recomendado, sin perder fiabilidad (este tipo de cosas la IA las suele hacer muy bien).
Para más detalles referentes al estudio descrito en este artículo se puede consultar el trabajo final de máster de Carla Vega Martínez, a quien agradezco muchísimo el esfuerzo realizado.
Este artículo se publicó originalmente en la revista Optimoda correspondiente al segundo semestre de 2025














