El debate generado en torno al Plan Veo ha vuelto a evidenciar una tensión recurrente en el sector: la dificultad de aceptar que la optometría es, hoy, un pilar imprescindible de la atención visual.
Presentar la actuación del óptico-optometrista como una amenaza para la seguridad clínica no solo es inexacto, sino profundamente injusto. La optometría no sustituye al oftalmólogo; filtra, detecta y deriva. Exactamente lo que hacen los sistemas sanitarios más avanzados de Europa.
El Plan Veo no rebaja la calidad asistencial. La amplía. No medicaliza menos; llega a más. Y sobre todo, no excluye a nadie: pone al paciente —al menor— en el centro.
Convertir esta medida en un pulso profesional es un error estratégico y un mal mensaje para la sociedad. La salud visual infantil no necesita guardianes de competencias, sino alianzas sanitarias.

Desde Optimoda lo decimos sin rodeos: Si el sistema funciona hoy para miles de familias es gracias a la red de ópticas y a los profesionales que la sostienen. Ignorarlo no fortalece la sanidad. La debilita.

















