El fin de las gafas baratas

Este último año hemos empezado a percibir los primeros síntomas de recuperación económica en nuestro país. Aún estamos muy lejos de aquellos años en que nuestro sector no paraba de crecer y las gafas de vista y de sol tenían un peso mayor en el presupuesto del consumidor.

Durante estos años de dura crisis económica, muchos profesionales, opinadores o expertos (entre los que podría incluirme), vaticinaron, entre otras cosas, que desaparecerían muchas empresas, una reducción drástica del número de ópticas, que los hábitos de consumo cambiarían hacia producto barato, hasta el punto de que nadie compraría una gafa por encima de 60€ PVP.

Bien, iniciamos 2016 y la verdad es que en la última feria de Silmo hubo una participación récord de  empresas de nuestro país, más de veinte, que el número de ópticas ha crecido, y a mis amigos que venden gafas de alta gama a precios altos no les va nada mal o que, en el caso de OPTIM, la empresa que presido, nunca hemos vendido tantas gafas por encima de 200€ PVP como ahora.

La teoría para afrontar la crisis hablaba de bajar precios hasta el punto de que, en un pais con el consumo deprimido, aumentara la rotación. Pudo ser una buena teoría, pero pasó que varias de sus premisas no se cumplieron. Por un lado, bajar precios implicaba rebajar prestaciones y servicios. Una parte importante del sector se ha  esforzado en ofrecer productos “low cost” para atraer clientes-usuarios-pacientes, y  lo que ha ocurrido es que se han dedicado a dar menos por menos, es decir, hemos desvirtuado nuestro producto. ¿Quién no ha visto a alguien pidiendo y apuntándose un presupuesto en un móvil de 700€ para luego ir a otra óptica a conseguir el mismo producto por 10€ menos?  Siendo un sector que se encarga de cuidar una primera necesidad como es la visión, cuando ocurre esto es que algo hemos hecho muy mal. El consumidor es inteligente y aprende rápido. Le hemos transmitido que nuestro producto, nuestro trabajo, tienen poco valor, y que su mejor opción es gastar poco en nuestros establecimientos para poder gastar más en otros sectores. Y eso ha hecho. Ocio, restauración, tecnología han robado parte de nuestro pastel.

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Esto, desde luego, tiene un impacto negativo en la ansiada rotación, pero no es lo único. Confiar nuestro éxito en hacer crecer nuestro número de clientes o su frecuencia de compra en una época de dificultades económicas, en el país donde una óptica tiene un mayor número de competidores en su área de influencia (seguimos siendo el pais de la UE con mayor numero de ópticas por habitante) es poco menos que quijotesco. Intentarlo vendiendo peores productos es directamente suicida.

Lo cierto es que, aun logrando un aumento del número de encargos, en muy pocos casos ha sido suficiente para lograr compensar la pérdida de margen. Y viéndolo en conjunto, hemos empequeñecido el sector.

Se avecinan nuevos tiempos, ojalá mejores y, como sector, debemos empeñarnos en recuperar el terreno perdido. Pongamos fin a la era de las gafas baratas y de servicios por nada. Recuperemos el orgullo de vender buenos productos a su precio justo. ¿Cómo? En primer lugar, siendo profesionales. Sabiendo cuál es el valor de lo que vendemos y sabiendo transmitirlo. Es la única manera de crecer como sector. Lo otro significa devorarnos unos a otros.

 

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