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José Martín - Director de Optimoda
José Martín – Director de Optimoda

Se han cumplido hace pocas semanas dos años desde que Europa se propuso, en la famosa reunión en Bélgica, ser el faro moral del mundo. Neutralidad climática, economía circular, trazabilidad total, reporting infinito. La arquitectura normativa es impecable. Ambiciosa. Visionaria.

Y, sin embargo, hay una pregunta que flota en el aire industrial español: ¿quién va a pagar la factura de tanta virtud?

En el sector óptico sabemos que una lente oftálmica no se imprime en papel reciclado. Se fabrica. Con energía. Con máquinas que no funcionan con buenas intenciones. Con inversiones que no se amortizan con declaraciones institucionales.

España todavía fabrica un poquito, (¡¡¡uf, uf, greeee, glups!!!). Todavía talla algo. Todavía invierte algunos eurillos, pocossssss…  Pero cada nueva obligación regulatoria, cada incremento energético, cada exigencia documental añade un milímetro más de presión sobre el margen. Y el margen, a diferencia del discurso, no es infinito.

La Declaración de Amberes* no fue una pataleta. Fue una advertencia quirúrgica: Europa corre el riesgo de convertirse en el único bloque económico que penaliza su propia producción mientras compra sin pestañear la ajena.

El mercado no entiende de coherencia moral. Entiende de costes. De beneficios. ¡Todo por la pasta! (¿Recuerdan aquella deliciosa película de 1991 de Enrique Urbizu?)

Si producir en España es estructuralmente más caro que importar desde donde la regulación es más laxa y la energía más barata, el resultado no será un planeta más limpio. Será una industria europea más pequeña.

Y cuando la industria se reduce, mengua algo más que la facturación. Se reduce la capacidad de decidir. Disminuye la soberanía tecnológica. Desaparece el empleo cualificado. Se reduce la innovación.

En óptica hablamos mucho de muchas cosas y también de sostenibilidad. Y debemos hacerlo. Pero quizá ha llegado el momento de plantear otra sostenibilidad: la empresarial.

Porque si la transición ecológica se construye sobre la erosión del tejido productivo, el equilibrio se rompe. Y cuando el equilibrio se rompe, no lo arregla un informe ESG (Environmental, Social and Governance). Es un informe que muestra cómo una organización, empresa, etc, gestiona tres dimensiones: ambiental, social y de gobernanza.

Europa puede elegir ser líder climático. Pero si no protege su músculo industrial, corre el riesgo de convertirse en un escaparate impecable… vacío por detrás.

¿España aún tiene industria óptica? Muy poquitaaaaa…¿Aún tiene talento? ¡uffff! bastante (vamos a quedar bien) ¿Aún tiene capacidad de fabricar con calidad y responsabilidad? Bueno, vale, de acuerdo (porque hoy me levanté con un sentido del humor de diez).

Declaración de Amberes industria óptica

“La transición ecológica es necesaria, pero si erosiona el tejido productivo europeo, la cuestión deja de ser ambiental y pasa a ser industrial”

La cuestión no es si queremos salvar el planeta. La cuestión es si queremos seguir teniendo fábricas mientras lo intentamos.

Porque cuando la última máquina se apague, el CO₂ seguirá ahí. Y los robots habrán liquidado al 7º de caballería que aún quedaba en los gabinetes (eso sí, sin cortarle las cabelleras). Solo que nosotros ya no estaremos produciendo nada.

Y entonces, quizá, podremos mirar el contenedor que llega al puerto (con identificación escrita en ingles perfecto y no en chino mandarín ya que los empresarios chinos y los indios y los… hablan ya todos un inglés perfecto de Oxford) y consolarnos pensando que, al menos, la normativa era ejemplar.

Eso sí: la competitividad no se importa en barco. Ni la soberanía. Ni el empleo. Pero siempre nos quedará el consuelo estadístico de haber reducido emisiones…en casa.

Posdata: Querido lector. Si cuando has terminado de leer el billete te has quedado cinco segundos mirando al vacío o has subrayado algún párrafo… ¡Misión cumplida!


* El pasado 20 de febrero de 2024, 73 líderes europeos de 20 sectores de la industria básica europea firmaron la Declaración de Amberes; la misma fue presentada a la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen. En esta Declaración se subraya el compromiso de la industria con la transformación de Europa y se señalan las necesidades más urgentes para que sea más competitiva, resiliente y sostenible frente al complejo contexto económico actual.


Este artículo se publicó originalmente en la edición nº 52 de Optimoda Plus correspondiente al mes de Febrero.

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