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Tener problemas de vista a una edad temprana puede afectar a todos los ámbitos de la vida de un niño, por lo que la detección precoz es importante; no obstante, solo un 27% de las revisiones oculares corresponden a niños de entre 5 y 10 años. Cuando los padres detectan que su hijo no ve bien, surgen muchas dudas y pueden enfocarlo de una manera negativa. Por eso, Amaya Prado, psicóloga educativa y colaboradora de Essilor, ofrece algunas pautas para que los ópticos-optometristas planteen su relación con los padres o tutores del niño miope desde la cercanía, la comprensión y la empatía.

En una primera visita a la óptica, será crucial conectar con los padres, ya que son ellos los que toman las decisiones y aprueban el tratamiento que seguirá su hijo. Así, charlando con ellos se pueden identificar dificultades, temores o dudas con respecto a un proceso que será totalmente personalizado. Así, el profesional podrá tranquilizarles y apoyarles, dedicándoles tiempo y ofreciéndoles unas pautas de comunicación y serenidad que impactarán directamente en la manera en la que su hijo asumirá la nueva situación.

Tal y como defiende Prado, “con reacciones positivas, los niños asocian su miopía a algo natural que no tiene por qué tener un impacto negativo en su día a día”.

Recoger las nuevas lentes, un hito importante

Otro momento destacado para un niño con miopía se da cuando va a recoger sus primeras gafas: los padres pueden mostrarse inseguros y reticentes a la reacción de su hijo, por lo que, de nuevo, el papel del óptico-optometrista es fundamental. Será buena idea buscar un nuevo momento a solas con los padres para resolver inquietudes, saber si han notado alguna reacción en el niño y ofrecer algunos consejos para generar el hábito del cuidado de las gafas en el pequeño.

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“Dependiendo de la edad, pueden emplearse cuentos, juguetes, o contratos conductuales, por ejemplo”, señala Prado. En este sentido, la constancia también variará cuanto más pequeños sean, por lo que es fundamental plantear el uso de las lentes como un juego en el que se llevan puestas durante más tiempo cada día, hasta que forman parte de su rutina.

Es importante, además, que los padres comuniquen a los profesores o al tutor del niño que su hijo comienza a llevar gafas, para que también puedan acompañarle en su periodo de adaptación. “En función de la edad se darán unas pautas u otras, pero sin duda el adecuado tratamiento para la miopía permitirá un mejor seguimiento de la clase, menos dolores de cabeza…”, enumera Prado.

Insistir en el acompañamiento y disponibilidad en caso de dudas que puedan ir surgiendo en el discurrir del día a día es también una parte importante de la conversación con los progenitores. Ante todo, el óptico-optometrista es un profesional que asesora y ofrece claridad en un momento importante para niños y padres.

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