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Las nuevas cadenas de ópticas de diseño se multiplican en las principales zonas comerciales de Londres. Marcas como Cubitts, Ace & Tate, Bloobloom y Jimmy Fairly buscan combinar monturas atractivas, precios accesibles y una experiencia de compra cuidada, aunque su expansión revela las dificultades económicas de competir en un mercado dominado por grandes grupos.

El comercio electrónico no ha eliminado la importancia de la tienda física en el sector óptico. Al contrario, algunas de las marcas que nacieron con una propuesta digital están acelerando la apertura de establecimientos para acercarse al consumidor, realizar exámenes visuales y ofrecer asesoramiento sobre monturas y lentes.

Un análisis publicado por el Financial Times señala la creciente concentración de ópticas de diseño en barrios londinenses como Soho, Carnaby Street o Broadway Market. Cubitts, Ace & Tate, Bloobloom y Jimmy Fairly figuran entre las compañías que están disputando espacio a operadores consolidados como Specsavers y Vision Express.

Su propuesta se sitúa en un terreno intermedio: diseños con una identidad reconocible, establecimientos cuidadosamente concebidos y precios alejados tanto del segmento más económico como de las firmas de lujo. El modelo atrae especialmente a consumidores que contemplan las gafas como un elemento de estilo, pero que también valoran la comodidad de integrar graduación, lentes y servicios profesionales en una misma compra.

No obstante, el crecimiento no garantiza la rentabilidad. Según los datos recogidos por el diario británico, Cubitts cuenta con alrededor de 20 tiendas y registró unas ventas de 16,8 millones de libras, pero cerró el último ejercicio con pérdidas cercanas a un millón de libras. Ace & Tate, por su parte, habría alcanzado por primera vez un resultado bruto de explotación positivo, después de llegar a 65 millones de euros de facturación y 93 establecimientos.ópticas de diseño

La óptica continúa siendo un negocio difícil de trasladar completamente al entorno digital: la graduación, el ajuste y el asesoramiento mantienen el valor de la atención presencial.

La apertura de tiendas exige inversión, personal cualificado y ubicaciones con suficiente tráfico. También obliga a alcanzar una escala que permita repartir los costes entre una red amplia, sin diluir la personalidad que hizo atractiva a la marca.

El fenómeno londinense muestra así dos caras del mercado óptico. Por una parte, confirma el interés del consumidor por establecimientos especializados que unen salud visual, diseño y experiencia. Por otra, evidencia lo difícil que resulta competir con grupos de gran tamaño, capaces de aprovechar economías de escala, presupuestos tecnológicos y una fuerte notoriedad de marca.

Más que anunciar la desaparición de la óptica tradicional, esta nueva oleada sugiere una evolución del establecimiento físico: menos centrado únicamente en la transacción y más orientado a convertir la elección de unas gafas en una experiencia personal.

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