19 de Junio de 2013
Autor: Juan Carlos Dürsteler
La primera década del siglo XXI ha sido prolífica en muchos avances en distintos campos, pero en la Óptica Oftálmica ha supuesto cambios de gran calado que yo resumiría en dos conceptos: personalización y tecnología free-form.
Dos conceptos que en el fondo no parecen tan nuevos pues la óptica siempre ha personalizado las lentes a la prescripción y la talla, afino y pulido nos acompañan desde hace siglos.
Sin embargo estos dos conceptos han sufrido cambios profundos que me atrevo a decir que han revolucionado el sector como no ocurría desde hace muchas décadas en este campo.
Hasta esta década las limitaciones provenían básicamente de la tecnología aplicada para producir las lentes, lo que se traducía en una serie de curvas de base colocadas habitualmente en la cara frontal de la lente y un conjunto de curvas tóricas aplicadas en la cara interior de la lente cuya combinación hacía posible obtener lentes con prescripciones cercanas a las prescritas.
Ello obligaba por razones económicas a limitar enormemente las muchas posibilidades que la teoría y el diseño óptico ofrecían ya entonces. Por ejemplo era posible calcular un progresivo de longitud de corredor variable pero no salía a cuenta fabricar tanto utillaje y tener tanto stock como para producirlo comercialmente. Por otro lado las correcciones ópticas, como las derivadas del uso de curvas asféricas se hacían de forma única para todas las lentes de una misma base con lo cual solo una de ellas estaba perfectamente corregida mientras las que se apartaban de esa lente tenían peores prestaciones.
La tecnología free-form ha cambiado de forma profunda este statu quo puesto que la habilidad de generar una geometría libre para cada cara y que cada lente pueda tener una geometría diferente de la anterior ha supuesto una liberación que ha abierto una gran cantidad de posibilidades. Por un lado un incremento de la precisión en la corrección de las ametropías para gamas completas de lentes, por otro, la posibilidad de plasmar posibilidades teóricas como progresivas con pasillos variables, corrección de la posición de uso etc. y finalmente la posibilidad real de personalizar la geometría de la lente más allá de la simple prescripción de la lente.
Me atrevería a decir que ha sido la persecución de la personalización máxima la que ha estimulado todos estos desarrollos.
En cualquier caso es claro que la tecnología de fabricación es clave para definir hasta dónde se puede hacer llegar una gama de productos. Free-form ha posibilitado avances en productos progresivos, pero también en monofocales, impensables siquiera hace 10 años.
En la próxima década la tecnología tradicional cederá su presencia a favor de free-form incluso para las lentes monofocales más convencionales y seguirá siendo el soporte para la aparición nuevos productos personalizados y de productos convencionales llevados al limite de las posibilidades de diseño teórico.
Pero asistiremos a réplicas del terremoto que ha supuesto free-form en la forma de nuevas tecnologías de tratamientos que buscarán el mismo efecto liberador y la gran agilidad comercial que ha proporcionado. Hoy en día los tratamientos antirreflejantes, endurecedores y antirayado adolecen de limitaciones similares a los que tenían los métodos de talla y pulido tradicionales.
Los lotes mínimos que hacen rentable una máquina son típicamente de 60 o más lentes. La personalización del color residual de un tratamiento o de ciertas coloraciones para usos específicos esta vedada por el tamaño de lote que perjudica al precio si se da un buen servicio o al servicio si se quiere un buen precio.
Durante esta nueva década veremos aparecer nuevas tecnologías de tratamientos que permitirán lotes muy pequeños, incluso de hasta 2 lentes, a costes competitivos con los de la tecnología convencional. Ello permitirá, igual que en el caso de free-form, personalizar los tratamientos y crear pequeñas series de productos dirigidos a mercados nicho y productos de gran volumen con gran variedad de versiones, incrementando la agilidad comercial y la aparición de productos antes imposibles de comercializar por razones económicas.
El motor de todas estas innovaciones es la investigación y el desarrollo tecnológico orientado a la innovación de procesos y de productos que darán lugar a modelos de negocio nuevos, como hemos visto ya con la aparición de la venta diseños que cualquiera que tenga las máquinas apropiadas puede producir. Muy probablemente estos modelos de negocios se extenderán al diseño de tratamientos.
Hoy en día la innovación tiende rápidamente a la abertura y a la cooperación. Este tipo de revoluciones no se pueden llevar a cabo sin la participación de los diversos agentes de la cadena de valor, ya que los desarrollos son tan complejos y costosos que nadie los puede acometer en solitario y es preciso validar los modelos de negocio que los pueden soportar.
Este es el espíritu de proyectos como MADE4U (www.made4u.info) que hemos inspirado y que coordinamos desde INDO Lens Group en el marco del 7º programa marco en colaboración con 13 socios de 8 países de la UE, que ya ha dado como fruto una extensión de la tecnología free-form que posibilita la aparición de nuevas lentes como Maxima que tiene en cuenta la forma de la montura y genera una geometría adaptada a esa forma.
La Óptica Oftálmica se va a seguir transformando en esta década en la que ya estamos inmersos con un ritmo sin precedentes gracias a avances tecnológicos como los antes mencionados que van a seguir incrementando las posibilidades de personalización: sólo la punta del iceberg de todas las mejoras de producto no personalizado que estas tecnologías posibilitan.
Pero ninguno de estos avances tiene sentido si no se traduce en una mejora de la satisfacción de usuario a través de la funcionalidad que le ofrece el producto. Un producto, la lente oftálmica, maduro y en el que cualquier avance se traduce en una sobre-calidad. Esto es, una mejora de las prestaciones que ya son satisfactorias en la mayoría de los casos.
Como tal hay que entender que en general no caben aquí los saltos de gigante que dejan obsoletos a todos los productos anteriores sino más bien al efecto acumulativo de todos los avances que se van consiguiendo a lo largo de los años.
Por ejemplo, hace 20 años las lentes progresivas eran simétricas y se rotaban en cada ojo para ajustar la convergencia. Cualquier lente de hoy en día si la pudiéramos comparar con su homologo de hace veinte años nos parecería extraordinaria, asimétrica, con inset variable, longitud de corredor exacto a lo que necesitamos, con posición de uso, teniendo en cuenta la estrategia visual, la forma de la montura…
En el futuro esa acumulación de virtudes va a seguir incrementándose con tratamientos más personalizados, más duraderos, con funcionalidades que los harán más fáciles de usar e incrementando sus posibilidades de uso en aplicaciones hoy vedadas.
Y todo ello con un objetivo claro de negocio. La innovación ha de soportar el mantenimiento del margen y del negocio en si, esencialmente en los países occidentales. La guerra de precios y la banalización de los productos que se ha desatado con la crisis convierten las commodities en terreno pantanoso para la creación de margen y de crecimiento, al menos en Occidente.
Solo los productos de mayor valor añadido y la revalorización de la marca pueden mantener márgenes jugosos, incluso en situaciones económicas como la que todavía nos ocupa..
Quisiera creer que el ligero retroceso de las marcas blancas que parece apreciarse en el mercado es una señal de que vamos por buen camino.
Así pues, si los tiempos que dejamos atrás les parecen trepidantes, abróchense los cinturones porque entramos en una montaña rusa con aun más cambios, o lo que es lo mismo, con muchas oportunidades.
[José Martín]
[Ester Guaus]
[José Martín]
[María Fernández Kroll]Optimoda
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